'La hierba nunca crecerá bajo mis pies'

Llegué bastante pronto, con un bistec en el esófago y la cotidiana sensación de que sería un día como cualquier otro. La puerta estaba abierta, sonaba algo así como Chet Baker. Hacía un año o más que había dejado de frecuentar los locales nocturnos del barrio, pensaba que ya lo sabía todo de la gente, de las conversaciones, de los licores, del sexo, de las fragancias. Y mientras los músicos llegaban y la gente se sentaba y se apagaban las luces empezó a escuchar una voz que no era como las de siempre, una voz que parecía atravesar no sólo los tímpanos, sino también los nervios, el sudor, la tensión, la hostilidad, y por un momento el mundo era eso, gente que se escucha y se entrega, y nada más.
Terminó el concierto, recogí mis cosas, y pensé que eso era lo máximo que podía esperar de una noche de sábado. Me disponía a huir vilmente cuando 7 me sonrió, extasiado, y mientras él me hablaba empecé a sentir que si volvía a casa seguiría siendo la misma, y entonces ella (un 4), sentada en la escalera de caracol, empezó a contarme algo a cerca de las 27 personalidades ( a grandes rasgos) que abarca el espectro humano que a su vez se pueden simplificar en 9 (o algo así).
- Creo que podrías ser un cuatro-. (Me dijo).
A partir de ese momento, dejé de sentir ganas de irme. Siempre quiero irme para volver a marcharme… Y empecé a sentir una especie de placer colectivo que no consistía en ser sino en devenir. Era como un sueño (sólo había tomado dos o tres chupitos de Grappa en toda la noche) y nadie necesitaba nada, las conversaciones estallaban de un lado al otro de las paredes:
Y entonces ella dijo:
- La sexualidad ha muerto.
Aquella sentencia provocó una especie de catarsis colectiva sin ningún tipo de sentido auténticamente deliciosa para mis neuronas y células y....
- Creo que estás entre un 7 y un 4. (Le dijo).
7, exaltado, aspiró su cigarrillo y empezó a divagar sobre el gozo, la meditación y la entrega absoluta.
Yo no podía parar de reír. ¿No es extraño que la risa se haya convertido en un signo de hostilidad? Como si solo existiera un calificativo para las emociones. Yo río porque el absurdo es mi esperanza, que algo se escape siempre al sentido, a la lógica, al discurso, y devenga cuerpo, cosquillas, éxtasis.
- Los 4 sentimos tanto que podemos bajar a los infiernos.
Y entonces 7 empezó a citar a Horderline y a Mallarmé y a no sé quién más (¿Baudelaire?). Yo sólo miraba, a veces escribía, a nadie parecía molestarle que lo hiciera.
‘He pensado en el baño que…sé tú mismo, pero si puedes ser Batman, sé Batman’. (Dijo ella)
Entonces él dijo:
- Ella es una brisa.
Era demasiado perfecto, si me quedaba seguro que ocurriría algo demasiado real, imperfecto, previsible. Me puse el abrigo y alguien dijo:
- ¿Te vas con rencor?
Yo me reí. ¡¿Rencor?! Estaba feliz, simplemente. Y quería acostarme con esa sensación.

7, se levantó excitado y sentenció:

- EL RENCOR ES UN VACÍO EN EL ERROR.

Y me fui.

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